miércoles, 8 de diciembre de 2010

Grand Paris por el arquitecto Jean Nouvel et al

He encontrado este interesante sitio en el que el arquitecto Jean Nouvel además de Jean Mari Duthilleul y Michel Cantal-Dupart, dan a conocer las transformaciones urbanas de Paris, sus direcciones en política urbana y todo eso desde una presentación que personalmente me parece muy bella. A ver que os parece

http://grand-paris.jeannouvel.fr/

Sara Sama

miércoles, 27 de octubre de 2010

Conversando sobre Los Artesanos (Sennett, R., 2008) en la Última reunión del GEU (22/10/2010)

La primera reunión del GEU de esta temporada fue de lo más estimulante, para empezar contamos con la presencia de Luis Reygadas de la UAM que en relación al tema de investigación que le ocupa: nuevas tendencias en ámbitos laborales e innovación empresarial propuso como lectura Los Artesanos, correspondiente a la primera parte del libro de Richard Sennett (2008) El Artesano. Además asistieron a esta reunión Ángel Díaz de Rada, Gloria, G. Durán, Alfredo Francesch y Elizabeth Lorenzi junto a los habituales comensales (Francisco Cruces, Fernando Monge, Montserrat Cañedo, Sara Sama, Karina Boggio, Fernando Gonzalez de Requena y Sandra Fernandez). Virtualmente participó en el debate con una entrada ya publicada en el Blog el 18 de Octubre Rafael Ariza que se incorpora este año a las reuniones.
La lectura del texto y el propio debate giró en torno a unos cuantos interrogantes sobre los que merece la pena seguir pensando...: ¿qué existencia empírica tiene el artesano de Sennett, no solo ahora sino a lo largo de la historia? ¿Puede la figura del artesano servir como modelo eurístico para explorar y comprender nuevas formas de trabajar y dar sentido al trabajo? ¿qué sentidos y sinsentidos pueden observarse en las relaciones que los urbanitas parecen tener con el trabajo actualmente? ¿qué cuestiones son susceptibles de subrayarse en este ámbito para futuras exploraciones urbanológicas?
El debate lo abrió, como es habitual, el que sugiere el texto en cuestión. Esta vez fue Luis Reygadas quien expuso algunos ejes de análisis y discusión que Sennett propone en el texto: la relación de colaboración frente a la competencia y los resultados que una y otra aportan en relación a los recursos; el beneficio o no de la naturaleza impersonal de los patrones de calidad; y la necesaria relación procesual entre solución y descubrimiento de problemas en la producción. Añadió Reygadas a lo expuesto un apunte sobre el tono del texto. Si en La corrosión del carácter (1998) el autor entrevistaba a empleados de IBM y analizaba las incertidumbres en el modelo laboral de la “nueva economía”, aquí plantea que en algunos nichos de esta "nueva economía" habría algo positivo que se encarna en los valores artesanales: la relación no alienada con el objeto producido, la cooperación, lo ético… Pareciera mostrar una especie de retorno al mundo anterior a la revolución industrial: control del artesano sobre el trabajo, reunificación de la mano y el cerebro… Pero, ¿por qué?, ¿quizá las formas de producción altamente especializadas, fragmentadas, competitivas, han vaciado tanto de sentido el trabajo que las personas intentaran volver a producir o reinventar esas categorías de lo artesanal?.
Pronto entraron en escena las voces que concordaron con esa extrañeza que producía el tono del Sennet en este texto y avanzaron hasta tildarlo de poco riguroso y moralmente tendencioso. Algunos habían leído en él la idealización fragrante de un artesano que es, más bien, la representación de un sector social cualificado, insatisfecho con su situación laboral y ritmo de trabajo, por ejemplo, académicos, creativos, técnicos cualificados. El propio autor parte, pues, de si mismo para retratar una situación que pretende general y modélica (Monge, Díaz de Rada, Francesch, Gonzalez de Requena). Este retrato quedaba en evidencia si se contraponía, por ejemplo, con el modelo real o concreto del artesano que muestra Herzfeld (2004). Un artesano con un papel subsidiario o secundario en la economía, sin demasiada capacidad de innovación, cuya implicación con el trabajo pasa por otos ámbitos distintos y mucho más agónicos de los propuestos por Sennett. Su día a día no tiene que ver ese proceso productivo en comunidad, basado en compartir información por un progreso del oficio, de las habilidades y del objeto final. Sino con un ritmo extremadamente competitivo, marcado por el orgullo de trabajar mejor que cualquier otro artesano, mantener en secreto las técnicas, las fuentes de abastecimiento, etc. Incluso en el entorno próximo del artesano las relaciones entre aprendiz y maestro son tensas, impregnadas por un lado de explotación y por otro de expectativas frustradas hacia el aprendizaje de un oficio (Herzfeld, 2004:61-63).
Por tanto, desde este punto de vista, para utilizar la figura del artesano como expresión de un modo productivo e incluso como modelo eurístico de nuevas formas de producción hubiera sido necesario que el texto aclarara las tensiones del gremio frente a la idealización de la comunidad, de hecho: ¿No sería interesante ver que formas de gremialismo profesional se dan entre los sectores productivos que se tildan de innovadores?. Igualmente necesario y apasionante sería explorar las estructuras de diferenciación social dentro del mundo artesanal, el control de técnicas y su mantenimiento en secreto, cuestiones que seguramente tienen también su importancia en los ámbitos laborales incluso más colaborativos de esos modernos demiorgoi de Sennett. Y aún más, según algunos colegas (Francesch, Díaz de Rada, Reygadas) hubiera sido muy beneficioso y necesario que el autor definiera más específicamente que entiende por “nueva economía”, cual es el sistema productivo implicado en esa figura y en que se diferencia de otros sistemas productivos como ese taylorismo al que remite continuamente sin llegar tampoco a especificarlo del todo.
Algunos nos preguntamos entonces, ¿qué interés tiene partir de una lógica evolutiva de formas de producción y sentidos arraigados a esas formas de producción?. Pareciera que esa vía es bastante tortuosa. Los problemas de sentido, moralidad, arete, etc., vinculados al trabajo seguramente van más allá de las etapas del capitalismo tal y como comúnmente se perfilan (Díaz de Rada, Francesch, Monge). De hecho, cabe plantearse cuestiones como: ¿Realmente hay contradicción en la competición y la cooperación en la producción? ¿Hay una vinculación entre fragmentación y falta de implicación en el trabajo? ¿se pueden establecer límites entre el trabajo/espacio cooperativo, creativo, flexible y el convencional fragmentado, competitivo, rígido? ¿Definen esas categorías etapas del capitalismo?.
Cooperación y competición pueden y de hecho se entrecruzan habitualmente como formas de producción. Incluso pueden entenderse como dos principios de un mismo contrato social. Recordamos en este punto la película de Clint Eastwood (Escape from Alcatraz) de personas que se odian y compiten y a la vez cooperan para fugarse de la cárcel (Díaz de Rada). Tampoco sucede que lo que se opone al individualismo sea el colectivismo. Más bien, lo que se opone al individualismo es el holismo, individuos en relación (Dumont, 1987). El trabajo puede estar perfectamente fragmentado, y realizarse “con amor” de modo que cualquiera, en su fragmento, puede hacer bien su trabajo, desarrollarse, ser creativo y, a la vez, mantenerse en relación con otros. Y al revés, la no fragmentación no necesariamente aportaría un sentido…Ni el amor por lo que hace, conllevaría implícitamente un sentido de cooperación.
Incluso podría discutirse que el espacio tiempo empleado en el trabajo artesanal, las habilidades desarrolladas en esa práctica continuada, la reflexión en lo que se hace, impliquen necesariamente un amor por lo que se hace, un compromiso mayor. El hecho de ser habilidosa al preparar la cena a mi familia ¿conlleva necesariamente un amor en la preparación de esa cena? ¿se siente uno más implicado en ese espacio/tiempo de trabajo que en la oficina desempeñando acciones racionalizadas? (Sama) O al revés, un trabajo que aparentemente no precisa de una implicación, un amor por lo que se hace podría contener un alto grado de compromiso e implicación, ¿No estarían haciendo su trabajo de un modo comprometido e implicado los agentes de seguridad de Metro de Madrid cuando interceptan rigurosamente e incluso agresivamente al usuario que se ha colado sin pagar? (Boggio)
Pero no todo fueron críticas a Sennett, se destacaron también algunos de los posibles beneficios de considerar la “práctica artesana”, como idea analítica, incluso idealización a lo Weber si se prefiere, que permitiría indagar en la emergencia actual en algunos campos sociales (Google, DNX, LINUX, el de los académicos, pero también otros) de una relación con la propia producción no determinada por una eficiencia en relación a soluciones sino en base a búsqueda de soluciones y de nuevos problemas. Una producción marcada por una determinada temporalidad, basada en el proceso de hacer y reflexionar, de la producción unida al desarrollo cognitivo, de habilidades(Cañedo, Cruces).
Esta forma de producir indudablemente se entrecruza con otras. El modelo del artesano permitiría explorar, por ejemplo, como, en la práctica, junto a las nuevas tendencias en la producción se sigue privilegiando la racionalización exhaustiva del proceso productivo en base a unas metas muy definidas. Un ejemplo lo pone el propio Sennett en ámbitos como las instituciones sanitarias, incluso empresas como las compañías de móviles o financieras. Pero, en nuestra mesa redonda, surgió otro ejemplo común a los presentes, el proceso de evaluación que la ANECA establece. Como antropólogos trabajamos con un tiempo de detenimiento, con unos plazos largos, comprometidos e implicados con/en lo que hacemos, reflexionando sobre el propio proceso productivo, ensayando a base de prueba y error, sometiendo a debate público esos logros, encontrando soluciones y a la vez nuevos problemas. Sin embargo la ANECA establece unos productos finales muy definidos que uno debe producir en plazos limitados, sino no hay ni reconocimiento del trabajo ni hay beneficio. La quiebra entre una lógica y otra es evidente, en el medio, insatisfecho, estresado, agobiado… esta el académico que, además, ante una evaluación negativa de la ANECA tiende a proyectar un fracaso personal. El modelo del artesano podría ser aplicable a este ejemplo y no necesariamente plantearía un estado idílico, precisamente habla de tensiones, de obediencias e incluso de cierta explotación...(Cañedo)
Siendo así, la propuesta de Sennett podría entenderse también como una metáfora de las insatisfacciones que produce un modelo de trabajo capitalista tylorista, alienante, para un sector concreto de la sociedad (Cañedo, Cruces). El problema que Sennett pone sobre la mesa es el de los sentidos y sinsentidos en el proceso de trabajo actual (Cruces).
Entre estos sentidos y sinsentidos, se expuso, la tendencia presente a identificar el trabajo con un salario, con un espacio/tiempo/actividad disociado de esos otros que las personas plantean como definitorios de si mismas y que remiten más bien a ámbitos considerados personales y no laborales: hacedor de cenas para los hijos, ser un fotografo/a aficionado, un lector compulsivo, un videoartista de andar por casa o un arqueólogo urbano de fin de semana (Cruces). Se expresaría, así, una demanda del entrono urbano y aboral por un compromiso a pequeña escala, un mínimo amor por lo que se hace. Si existen estas reivindicaciones es quizá porque efectivamente se percibe que las formas de parcelización funcional de las tareas matan ese tipo de implicación. La sensibilidad, el implicar el cuerpo, el aquí y ahora, la interacción con sentido que define otro tipo de materialismo, son reivindicaciones que no pueden dejar de ser exploradas. En este sentido podrían repensarse algunas ideas de Thompson, E.P (1963) sobre los artesanos ingleses de la sociedad industrial para una sociedad post industrial. El se preguntaba por la fiesta, el relax respecto al tiempo industrial, por una relación menos disciplinaria con la ciudad y los tiempos industriales. No está de más preguntarnos, también ahora, si más allá del capitalismo industrial tan vivo aún en los hogares está también vivo el modelo del artesano (Cruces).
De hecho hay sectores de la sociedad que frente a ese despegue entre vida personal y laboral ampliamente compartido plantean su relación con el trabajo de otro modo completamente distinto. En gran parte jóvenes, cualificados y vinculados a la producción cultural, tecnológica o publicitaria parecen integrar placenteramente el trabajo en sus vidas. La línea divisoria entre trabajo y ocio, trabajo y afición, trabajo y entretenimiento, parece difuminarse (Cruces, G.Duran, Sama). El trabajo les define y les comunica con los demás. En ámbitos como el Medialab, DNX, LINUX, o en el mundo de la producción musical alternativa, el trabajo es divertido. O al menos así es como se expresa en muchas ocasiones. De hecho, si se observa de cerca el entorno LINUX, Sennett olvida una cuestión central y es el disfrute mismo con lo que se hace, precisamente el compromiso moral o ético va por ahí en este caso. En LINUX, más que la una idealización de “un trabajo bien hecho” existe un afán por divertirse con el trabajo (González de Requena, Fernández).
Para poner un punto y seguido a esta exposición de nuestras diatribas sobre la propuesta de Sennett, merece la pena apuntar algunas cuestiones en las que, según entendí, coincidimos todos nosostrxs. El texto de Sennett tiene importancia porque efectivamente expone el problema del sentido del trabajo alienado en una parte de la sociedad urbana actual. Pero, si en el medio urbano contemporáneo la acción se vincula estrechamente con trabajar, esto se plantea con un amplio margen de diversidad. Por eso, para explorar desde la Antropología lo que está cambiando en las lógicas de producción que pueden vincularse a la vida urbana, no nos conviene hacer de nuestro entorno inmediato, con una moral específica, un modelo extensible a otras lógicas de trabajo. Cuando nos vemos excesivamente reflejados o dibujados en la foto, como en el texto de Sennett, ¿no será que faltan actores en la trama? Es más, ¿no falta parte de la trama?. Nuestras investigaciones necesitan de un diálogo de alteridades. La moralidad es diversa y tendrán que incluirse las propuestas de muchos otros en la relación entre acción y producto de la acción. Este es el sentido de una Antropología Urbana donde el antropólogo inevitablemente esta dentro del propio discurso urbano. Convendría preguntarnos, por ejemplo: ¿quién llama trabajo a qué?, ¿qué márgenes de compromiso político de la acción hay y cuáles son…?, ¿qué problemas de sentido tienen en relación a su trabajo los que son jefes de sucursales de banco, agentes de seguridad de Metro de Madrid u operadores en un call center?, ¿porqué no tienen tantos problemas como yo de sentido? Y, si los tienen, ¿cuáles son?, ¿coincide la idea de compromiso del trabajador con lo que espera de ese compromiso la empresa para la que trabaja o el lugar, cualquiera que sea, en el que desarrolla una acción que considera trabajo?. No resulta incompatible extender estas cuestiones en términos weberianos. Es decir, si la organización racional del trabajo es pensada como principio fundacional del capitalismo y comprobamos que esta forma de organización está cambiando, ¿Podríamos hablar de un capitalismo en transformación? ¿en que maneras? ¿Cual es la/s ética/s de este “nuevo” capitalismo?
Estas son preguntas que hoy están en el aire, textos como el de Sennett, o el que nace de la investigación de nuestro colega Luis Reygadas, Capitalismo 2.0 , así como, los de Crewe, Gregson and Brooks (1998) Alternative retail space; Olivier Blondeau (et al) (2004) Capitalismo cognitivo, propiedad intelectual y creación colectiva, entre otros muchos, apuntan algunas vías de discusión a las que seguramente volveremos en próximas reuniones del GEU.
Y recordad que, como siempre, en este Blog, los textos colgados dejan la puerta abierta para entrar sin llamar...
Sara Sama
Alguna Bibliografía comentada y útil para el tema
Blondeau, O. (et al) (2004). Capitalismo cognitivo, propiedad intelectual y creación colectiva. Fabricantes de sueños: Madrid
Crewe, Gregson and Brooks (1998) Alternative retail space. En: Fashioning the city: Cultures of consumption in contemporary urban spaces. Original Research Article Geoforum, Volume 29, Issue 3, August 1998, Pages 287-308.
Dumon, L. (1987). Ensayos sobre el individualismo, Madrid, Alianza Editorial.
Dumont, L. (1970). Homo hierarchicus. Ensayo sobre el sistema de castas, Madrid, Aguilar.
Herzfeld. (2004) The body impolitic: artisans and artifice in the global hierarchy of value:
O'Higgins, N. (2003). Trends in the Youth Labour Market. En: Developing and Transition Countries (October 2003). World Bank Social Protection Discussion Paper Series No. 0321. En SSRN: http://ssrn.com/abstract=758907
Sennett, R. (1998) La corrosión del carácter. Anagrama: Barcelona. En: http://www.scribd.com/doc/6597468/Richard-Sennett-La-Corrosion-Del-Caracter-Libro-Completo
Sennett, R. (2008). El artesano.. Anagrama: Barcelona. (Parte 1 . Los Artesanos. Pp.:31-71)
Sennett, R. (2006). The Culture of the New Capitalism, New Haven y Londres: Yale Uni versiry Press.
Stolcke, V. ( 2001). Gloria o maldición del individualismo moderno según Louis Dumont.
Tompson (1963) The making of the english working class. New York: Vintage Books.

miércoles, 21 de julio de 2010

Bien venida y nuevos aires para este blog

Hacía ya dos años que no cacharreabamos nuestro e-lugar, como pasa el tiempo!... Y parece que fue ayer... cuando empezamos a ver que era esto y para que podía servir....pero no se trata de ponerse melancólic@ sino de anunciar que esto sigue en pié, como el garaje de los ensayos solo precisa un poco de orden, tampoco mucho.... que pierde encanto... Hasta que nos traslademos a un e-local más chulo, el curso que viene, podemos acercarnos de cuando en cuando huyendo de los calores estivales, pasar un rato a la sombra y compartir alguna historia o idea urbana vacacional...
En cuanto a los planes para las nuevas reuniones del GEU 2010/11 , no comenzaremos hasta pasados los exámenes de septiembre, seguramente a partir del 15 pero se avisará con tiempo. Si vamos teniendo en mente lecturas para incorporar, bien podemos subirlas al Blog o bien a la libreta y hablarlo en la primera sesión, aún nos quedan algunas lecturas pendientes del dosier 2009/10.
Por cierto, a las nuevas incorporaciones bienvenido@s!! y ya sabeis que estáis en vuestra casa, aqui se anima a escribir y pintar en las paredes... traer fotos, viedos, urba-trastos y textos varios para comentar.
S.Sama

viernes, 28 de marzo de 2008

Proyecto-Exposición en el CCC Barcelona

Hello all!

Os pego aquí la presentación de una exposición sobre un proyecto de estudios de ciudades contemporáneas que está hasta mayo en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. En la web del centro hay más info, así como también está allí la referencia a la web propia del proyecto: www.ciutatsocasionals.net. Es una interesante propuesta de articulación de un trabajo colectivo en varias ciudades del mundo en base al concepto "post-it city" (aparece definido por ahí : "dispositivo de funcionamiento de la ciudad contemporánea que concierne a las dinámicas de vida colectiva fuera de los canales convencionales").
Si os interesa podemos leer en el seminario alguno de los artículos que están colgados en su web, a ver si esa idea de la "post-it city" aporta algo interesante o es una etiqueta más en el mundo de la moda antropológica urbana (si logró dar cuerpo a un proyecto que parece majo, podemos darle una oportunidad, no?).
Lo de ir a Barcelona un día a ver la exposición in situ, en plan viaje de fin de curso, ¿tiene alguna posibilidad de que le demos un sí? ciao---montse
Post-it City. Ciudades ocasionales
Post-it City. Ciudades ocasionales

Foto: Usos alternativos del teléfono móvil en la R.D.Congo. /Autores foto: SMAQ (Sabine Müller, Andreas Quednau) Ampliar la imagen

El proyecto investiga los diferentes usos temporales que se solapan sobre el territorio urbano, priorizando las perspectivas ofrecidas desde la arquitectura, el urbanismo y las artes visuales. Ciudades ocasionales pretende explorar el fenómeno desde las post-it cities, una especie de ciudades efímeras que infectan la ciudad ordinaria a partir de unos usos no codificados, temporales, anónimos y con un talante crítico implícito



Ciudades ocasionales intenta explorar el citado fenómeno en sus múltiples y posibles variantes, con el fin de documentarlo y reflexionar sobre el mismo: un polígono industrial que se convierte en un circuito ilegal los fines de semana, el uso de la ciudad "en construcción" para la aventura de los nerds explorers, determinadas variantes del fenómeno okupa, la utilización de determinados terrains vagues para encuentros ocasionales -un campamento nómada, una fiesta rave-, la conversión de la diurna ciudad universitaria en una zona de transacción sexual durante la noche, etc.

Se trata de un proyecto que, en el conjunto de parámetros que pone en juego, nos conduce a una serie de temas de especial interés para la cultura contemporánea: la necesidad de crear espacios disponibles, la versatilidad de la idea de reciclaje, la emergencia de nuevas subjetividades, etc.

Esta exposición se enmarca dentro del proyecto del mismo nombre organizado conjuntamente con el Centre d'Art Santa Mònica y dirigido por Martí Perán.

martes, 4 de marzo de 2008

El Grupo en Radio UNED

Amigos, a ver si soy capaz de colgar los programas de radio que hicimos el mes pasado. Sara, sorry que no pudieras estar en el de Paris, Paris, después del curro que veo que te has pegado con Benjamin... Prohibido lamentarse de lo dicho, de lo no dicho y de lo trabucado.

jueves, 7 de febrero de 2008

Buenas nuevas para febrero...

Alicia Lindón y Daniel Hiernaux envían link a este interesante número de una revista chilena (Eure) sobre imaginarios urbanos. En particular el texto de Alicia sobre hologramas es muy fashion. Cuentan además que en Mayo vienen a BN. ¿Los tendremos por la UNED? Veremos...
http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_issuetoc&pid=0250-716120070002&lng=es&nrm=iso
Confirmación de nuestro próximo encuentro el MARTES día 19: -a las 12:00, conferencia (abierta al Depto.) con Italo Pardo. -a las 16:00, nuestro convencional GEU con Giulianna Prato. -entremedias, entrecot con patatas, Italo Pardo y Giulianna Prato.
Los textos y títulos de las charlas los circulará Fernando, en breve.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Resacas de Lefebvre: la bomba de tiempo


Bueno, en este caso, a diferencia de con Benjamin, Lefebvre es casi un pretexto. En realidad esto sería más bien la resaca de un comentario que salió en la última sesión que tuvimos, al hilo del texto de Lefebvre. El comentario decía algo así como que: “esta ciudad ya no es mi ciudad” –léase: el Madrid de los túneles de la M30 y otros megaproyectos ya no es la ciudad que yo conocí, donde yo crecí, etc. –lo que, en último término, apunta a una especie de pérdida de una ciudad a escala humana, y a una perplejidad del antropólogo sobre cómo debe situarse ante eso. La resaca es a propósito de la cuestión del cambio en la ciudad. Que la ciudad está permanentemente cambiando es un lugar común. Pero, por otra parte, el cambio al que se refiere el comentario anterior parece un cambio de cierta envergadura –frente a otros cambios que no lo serían-, una especie de producto de un precipitado de cambios que ¿por acumulación? resultan en un salto cualitativo, un cambio más radical, que funda un antes y un después: “la ciudad a escala humana” vs. la “megaciudad”. ¿Cómo cambia la ciudad? ¿Cómo se aprehende un continuo cambio de forma? ¿Cómo se percibe, incluso? Benjamin inventó los pasajes como analizadores, y el fotógrafo del post anterior (si no lo habéis hecho, ved sus fotos!) hace, a través de sus series de imágenes de elementos del medioambiente urbano, una radiografía sutilísima del cambio en la ciudad –y no sólo en sus aspectos materiales, sino como forma de vida. Señalar, evocar el cambio es quizá más fácil con imágenes; porque, creo yo, es algo complicado de lograr en la escritura etnográfica, a no ser con esos cortes radicales -“antes la ciudad estaba hecha a escala humana, ahora es una megápolis inabarcable”-, como dicotomías analíticas que dejan casi más preguntas que respuestas. Estaba yo estos días de atrás con esta resaca un poco pastosa, cuando probé un zumo de naranja delicioso. Se llama “bomba de tiempo”, y se lo inventó, o reinventó, George Perec (segunda vez que lo cito). En realidad es todo un método para tratar de aprehender el cambio en la ciudad. Un método, digamos, para hacer una etnografía del espacio-tiempo urbano. Bueno, método es demasiado ambicioso; es una técnica más bien: modesta, pero firmemente encaminada a reunir datos empíricos, concretos, sobre los que trabajar después (más allá de las vaguedades del tipo “antes”, “ahora”, “ciudad a escala humana”, “megaciudad”). Podría ser apto para antropólogos urbanos perplejos –y más todavía para un flamante “Grupo de Estudios Urbanos”, que suena a sociedad secreta- si no fuera que éstos nunca tienen (tenemos) tiempo de nada. Y se necesita mucho tiempo para hacer una bomba de tiempo. 12 años, dice Perec. ¡Casi nada! Pero a ver, vamos con el método:
“Los lugares (Notas sobre un trabajo que estoy haciendo) En 1969 seleccioné en Paris 12 lugares (calles, plazas, cruces, un pasaje) en los que había vivido, o a los que me unían recuerdos muy particulares. Me propuse hacer cada mes la descripción de dos de estos lugares. Una de estas descripciones se hace en el mismo lugar y lo más neutra posible: sentado en un café o andando por la calle, con un cuaderno y un bolígrafo en la mano, trato de describir las casas, los comercios, la gente con la que me encuentro, los carteles y, de modo general, todos los detalles que atraen mi mirada. La otra descripción se hace en un sitio diferente del lugar: entonces trato de describir el lugar de memoria y de evocar todos los recuerdos relacionados con él que se me ocurren, sean acontecimientos que ocurrieron allí, sea gente que encontré allí. Cuando están terminadas estas descripciones, las meto en un sobre y lo sello con cera. En algunas ocasiones me he hecho acompañar al lugar que estaba describiendo por uno o una amigo(a) fotógrafo(a) que, libremente o siguiendo mis indicaciones, ha tomado fotos que he metido en los sobres correspondientes, sin mirarlas (salvo una tan sólo); también en alguna ocasión he metido en estos sobres diversos elementos que más tarde serían susceptibles de servir como testimonio, por ejemplo billetes de metro, o bien tickets de consumo, o entradas de cine, o prospectos, etc. Cada año comienzo de nuevo estas descripciones teniendo cuidado, gracias a un algoritmo que ya he citado (bi-cuadrado latino ortogonal, éste de orden 12), primeramente, de describir estos lugares en un mes diferente del año, luego, de no describir en el mismo mes el mismo par de lugares. Esta empresa, que se parece un poco en su principio a las “bombas de tiempo”, durará doce años, hasta que todos los lugares hayan sido descritos dos veces doce veces {ahora cuenta algunos problemillas para llevar a cabo las descripciones que tuvo algunos años, que omito}. Entonces sabré si valía la pena: lo que espero en efecto no es otra cosa que dejar huella de un triple envejecimiento: el de los lugares mismos, el de mis recuerdos y el de mi escritura.”
Calculando, debió terminar el proyecto en 1980 pero no sé si publicó los resultados.
 Montse

lunes, 10 de diciembre de 2007

sábado, 8 de diciembre de 2007

Resacas de Benjamin: la ciudad y el inconsciente óptico

Mientras decidimos cómo podemos dar forma a eso “hiper-inter-textual” que se supone que ha de ser un blog, yo os voy a contar mi película que, honestamente creo, es tan personal que resulta difícil que interese a otro que no sea yo, y menos si ninguno tenemos apenas tiempo para nada. Pero en fin, por aquello de estrenarme en nuestro blogg, ahí voy. Siguiendo los ecos que me dejó la charla circunvalar, in-concluyente e irritantemente interesante que nos inspiró Benjamin el otro día, sigo aquí con mi lectura de este autor. Voy a ver si soy capaz de contar por y para qué me parece sugerente, en el estudio de la ciudad, su concepto de “inconsciente óptico”. Como sigo bajo los efectos de la resaca benjaminiana, en vez de ir de frente a la cosa voy a dar unas cuantas sinuosas vueltas, a ver si en el trayecto se ilumina algo (o no, que todo es posible.) El siguiente es un fragmento de un libro de George Perec; una especie de descripción reflexiva sobre la experiencia de circular por una ciudad extranjera.
Ciudades extranjeras Sabemos ir de la estación o del air terminal al hotel. Queremos que no esté demasiado lejos. Nos gustaría estar en el centro. Estudiamos cuidadosamente el plano de la ciudad. Vamos repertoriando los museos, los parques, los lugares que nos han recomendado que veamos a toda costa. Vamos a ver los cuadros y las iglesias. Nos gustaría mucho pasearnos, callejear, pero no nos atrevemos; no sabemos ir a la deriva, tenemos miedo de perdernos. Incluso no andamos de verdad, vamos siempre a toda prisa. No sabemos muy bien qué mirar. Casi nos emocionamos si nos topamos con la oficina de Air France, casi a punto de llorar si vemos Le Monde en un quiosco de periódicos. Ningún lugar se deja atar a un recuerdo, a una emoción, a un rostro. Repertoriamos salones de té, cafeterías, milk-bares, tabernas, restaurantes. Pasamos delante de una estatua. Es la de Ludwig Spankerfel di Nominatore, el célebre cervecero. Miramos con interés unos juegos completos de llaves inglesas (nos podemos permitir el lujo de perder dos horas y nos paseamos durante dos horas; ¿por qué nos atraerá esto más que lo otro? Espacio neutro, todavía no conferido, prácticamente sin referencias: no sabemos cuánto tiempo hace falta para ir de un sitio a otro; de golpe nos damos cuenta de que vamos terriblemente adelantados). Dos días pueden bastar para que empecemos a aclimatarnos. El día que descubrimos que la estatua de Ludwig Spankerfel di Nominatore (el célebre cervecero) está sólo a tres minutos del hotel (al final de la calle Prince-Adalbert) mientras que antes empleábamos una larga media hora para llegar allí, empezamos a tomar posesión de la ciudad. Lo cual no quiere decir que empecemos a habitarla. A menudo guardamos de estas ciudades el recuerdo de un encanto indefinible a pesar de haberlas rozado sólo ligeramente: el recuerdo mismo de nuestra indecisión, de nuestros pasos vacilantes, de nuestra mirada que no sabía hacia qué volverse y que no se emocionaba con casi nada: una calle casi vacía con grandes plátanos (¿eran plátanos?) en Belgrado, una fachada de cerámica en Sarrebrück, las cuestas en las calles de Edimburgo, la anchura del Rhin, en Bâle, y la cuerda –el nombre exacto sería el andarivel- que va guiando la balsa que lo atraviesa… George Perec, en Especies de espacios
Me gustó este texto cuando lo descubrí, porque refleja muy bien esa experiencia de “pequeño desarraigo”, similar a una especie de desconcierto en lo sensorial y en lo emocional, que sucede al que visita o se instala en una ciudad extraña. Me gustó el texto, además, porque de esa experiencia no se habla mucho, quizá porque se recuerda mal; es como si desapareciera de la memoria una vez se “toma posesión de la ciudad”, o se abandona definitivamente para guardar de ella, tantas veces, “el recuerdo de un encanto indefinible”. De cualquier forma ese “desarraigo” inicial –nada “encantador” sino inquietante, desazonador, amenazador incluso- del que habla el texto, normalmente se olvida y casi nunca forma parte del recuerdo que guardamos de la ciudad y, menos aún, de lo que contamos, sobre ella, a otros. En otro sentido me gustó el texto también: porque, a mi modo de ver, relaciona esa experiencia de desazón en la ciudad extranjera no (o no directamente) con el hecho de no conocer a nadie en ella y estar solo, o ser, en sentido social, un extranjero; sino con el paisaje urbano, con la misma forma física de la ciudad, que entra primeramente por los ojos. Cuando lo leí relacioné el texto de Perec con mi propia experiencia de ciudades extranjeras. Recordé sobre todo la primera vez que llegué a Davis, en California, que puedo describir fácilmente si digo que es un ejemplo típico de pequeña ciudad universitaria norteamericana, pero que a mi llegada me pareció lo mismo que un paisaje lunar: totalmente extraño y desorientador. Llegué desde el aeropuerto de San Francisco, que está como a hora y media, en una especie de furgoneta-taxi que circuló lo que me parecieron horas por autopistas de mil carriles, y luego fue dejando uno a uno a los pasajeros –todos estudiantes y profesores americanos y extranjeros- a la puerta de casas más o menos diseminadas o linealmente agrupadas en calles anchas, tranquilas y llenas de árboles (en el servicio de reserva de plaza del taxi por internet los pasajeros teníamos que dar la dirección a donde íbamos, de manera que el conductor no preguntaba nada, sólo gritaba el nombre del pasajero cuando paraba delante de una de aquellas casas). Mi pregunta interior constante era: ¿esto YA es Davis?, lo cual quería decir: ¿pero dónde está LA CIUDAD –o el pueblo, lo que sea? Para mi debía de haber una especie de núcleo, de corazón urbano, donde habría tiendas, y gente, y circulación… pero no lo había (más adelante descubriría el “downtown”, que tampoco iba mucho más allá en mi idea de lo que debía ser una “ciudad” -parecía un poco como el decorado de la Calle Mayor de una película del Oeste). Total que el “urbanismo disperso” típicamente gringo, no sólo me sorprendió profundamente sino que me desorientó y me produjo una sensación desagradable, no sé si de temor, desconcierto y repliegue. Recuerdo durante los primeros días el tener una sensación constante de extrañeza y, lo que me interesa destacar aquí, recuerdo que era una sensación que directamente tenía que ver con una forma espacial de la ciudad que yo veía extraña. Y con una sensación de “falta” de algo en la misma dimensión de lo físico y de lo visual. Las formas de las casas, las alturas, los materiales de los edificios, la disposición de las aceras… a ese nivel de aspectos visuales estaba “lo raro”. Las primeras semanas viví en una casa-hotel que estaba al final del mundo y al borde de una autopista, y tenía enfrente una gasolinera con un supermercado. Una noche quise comprar algo, y recuerdo que, al ir a cruzar la carretera por el semáforo más cercano, me invadió una sensación de desorientación total porque no entendí ni las marcas en el suelo, ni cuál era el semáforo del peatón… “¿cómo demonios se cruza esta calle?”. Tuve que hacerme la remolona para dejar que pasaran dos chicas que venían detrás, que –seguro que no, pero yo lo pensé- me miraron como si fuera idiota. Después de eso, y durante todo el año que estuve en Davis, crucé mil veces al supermercado por aquel semáforo (que no estaba en el fin del mundo sino bastante a mano) y siempre me hacía gracia pensar en aquel primer día y en que, ahora (es decir después) realmente, aquel semáforo, ¡era “normal”! Bueno y entonces, tras todo este rodeo, de lo que quería hablar era del “inconsciente óptico” de Walter Benjamin. Por contraste con la experiencia de las ciudades extrañas, pienso ahora en la experiencia de mi ciudad (Madrid o Davis o cualquier otra, cuando dejó de ser extraña): hay algo, al nivel de lo perceptivo-visual, que conocemos de manera inconsciente, y que es no sé si la base, el marco o el efecto de nuestra experiencia social del habitar. Según Benjamin, al ver, hay algo que al ojo le resulta inaprensible. Hay algo que no vemos en lo que vemos. Hay algo que no sabemos que conocemos en lo que vemos. Hay algo invisible incrustado en lo visible; un conocimiento no conocido inscrito en lo visual.---- Eso es el inconsciente óptico. La ida hace imaginar una profundidad normalmente invisible en la superficie misma de los objetos más banales, más cotidianos. ¿Puede la antropología urbana hacer consciente el inconsciente óptico de los habitantes de una ciudad? Benjamin habla de las posibilidades de la fotografía para ello. Quizá en su texto de los Pasajes él mismo también intenta un propósito parecido, cuando habla, por ejemplo, de las formas urbanas que el hierro y el cristal hacen posible, hablando, a través de esto, de la experiencia de la modernidad en el Paris del XIX. De cualquier modo, lo más parecido a tratar de atrapar el inconsciente óptico que está implicado en una experiencia del habitar la ciudad lo encontré en un libro que vi una vez en la librería del Reina Sofía. Un libro de fotografías que se titulaba “Hasta fin de existencias”. No lo compré (de lo que me arrepentí después), pero lo he buscado hace poco con el google y he visto que hay una página web donde hablan un poquito del libro, pero sobre todo donde pueden verse algunas de las fotos. Son de un fotógrafo llamado Leandro Lattes. La página es http://www.hfde.com/ (ojeadla, si podéis). Son fotos de elementos del mobiliario urbano de Madrid que están “en peligro de extinción”. Pomos, timbres, taburetes, escaparates, puertas, interiores de bares… Si las veis, no sé qué impresión os producirán. A mi esas fotos me pusieron delante, de repente, todo un mundo visible de formas urbanas que conocí y me pusieron delante también, igual de repentinamente, el hecho de que, efectivamente, esas formas urbanas están desapareciendo, y por eso ya parecen un poco “de un Madrid kitsch” –como lo definen en la presentación de la web. La pregunta es: ¿qué formas del habitar la ciudad desaparecen con esos elementos visuales, con esos objetos urbanos? Visto ahora desde la lectura del otro día, esos viejos timbres o escaparates madrileños pueden leerse como los pasajes de Paris…
PS. Ni idea de cómo se suben las fotos al final del texto... Una pena, pero lo dejo porque me eternizo. Las tenéis en la dirección que os dí.
Montse

sábado, 17 de noviembre de 2007

SOLARES

Un día tiraron el edificio de la esquina y apareció un agujero más en la calle. Desde el balcón la calle parecía la sonrisa mellada de una anciana que cada poco tiempo pierde un diente. Desde hace 7 años se derriban edificios, y aparecen nuevos solares tapizados con restos de otras vidas. Colgados de las paredes quedan azulejos de baños y cocinas, alcobas empapeladas de flores y salones pintados en crema con huellas de cuadros.
Los solares miran tristes y vacíos hacia la calle esperando que algo les devuelva la vida. Se convierten en "espacios perdidos" recuperados periódicamente como contenedores de basura, recipientes donde se tiran los desperdicios de un barrio a medio tirar y a medio construir.
Pero otras veces aparecen personas que deciden "liberar" los solares, quitarles sus vallas y reencontrarse con el espacio perdido para devolverle la vida pública que lo llenará con nuevos usos y significados. Así comenzó a liberarse el solar de Embajadores esquina Rodas.
Un grupo de vecinos y amigos, algunos de ellos participantes en "Ecosistema Urbano" y "Observatorio Metropolitano" decidieron ponerse manos a la obra. Por la noche se recogieron maderas de los contenedores, palés abandonados de obras acabadas y arena, se trajeron herramientas, cubos y sillas...
La gente que pasaba, a penas se detenía a preguntar o a observar. En el barrio pasan muchas cosas todos los días y como dice mi vecina que siempre va en bata y chancletas: "aquí, hija, estamos acostumbrados a ver de tó" siempre hay gente "haciendo cosas raras". Pocos ofrecían su ayuda y tampoco se reclamaba la participación...
Poco a poco aquella obra iba cobrando forma, pero la forma era extraña, unos decían que era un barco, otros decían que era una madeja de lana pero hecha en madera y a otros les parecía una burbuja, un niño dijo que era una nave espacial....
Pero casi nadie entendíamos que era aquella estructura y para que servía. La noche del viernes pasé por la calle Embajadores, iba sin cámara y no pude fotografiar ese momento "clik" en el que todo cobra sentido... el solar había sido "liberado"! Habían desaparecido las vallas, se colgaron farolillos hechos con tubos de plástico rojos, (esos tubos que sirven para llevar cables de un lado a otro) la luz venía del local de alado a través de un cable, había música suave y gente charlando dentro y fuera de la estructura de madera. En el suelo había arena fina y los troncos y palés se habían transformado en banquitos de madera y escaleras hacia aquella playa urbana....Parecía la inauguración de una exposición de vanguardia, aunque cualquiera podía participar de la fiesta había gente que no se animaba y solo miraba tímidamente desde la acera. La policía pasó y se hizo silencio, miraron por la ventanilla del coche, como hacían todos los coches que pasaban, amortiguaron la marcha y... nada, no pasó nada...
Por la mañana estaba todo limpio en el solar, ni rastro de la fiesta. La burbuja de madera seguía en pie, el sol entraba entre las maderas y dibujaba en la arena sombras alargadas. Entré en la burbuja a leer el periódico y escuchar lo que decía la gente sin que se sintieran observados...
La observada era yo, ahí sentada dentro de la burbuja....Los chinos del todo a cien de al lado se reían mucho y decían cosas en chino que no entendía pero que debían ser la mar de graciosas. Yo me sentía en la playa con la brisa y el sol fresco de la mañana meciendo mi periódico mientras detrás de mi una ola pintada de azul con un pez dentro ratificaba que no estaba sola en mi percepción.... ahora tenemos playa en Lavapies y un Nautilus de madera....
Los señores que salen de espaldas en la foto dicen que están muy contentos porque ahora se pueden sentar a charlar al sol con el mar tras ellos y se ríen cuando señalan el pececillo pintado en la parez...
Pero aun me parece raro que no haya más niños jugando en la burbuja, más chavales sentados en la arena o más actividades en nuestra playa...., el Nautilus sigue en pie pero a veces parece que navega solo.... que la gente tiene miedo de tomar el timón, de hacerlo suyo y cuidarlo. Yo me pregunto si seguirán "liberándose" solares y si un día habrá más playas y porque no, también bosques en los solares que aún esperan su amnistía... (Sara Sama)