miércoles, 8 de diciembre de 2010
Grand Paris por el arquitecto Jean Nouvel et al
http://grand-paris.jeannouvel.fr/
Sara Sama
miércoles, 27 de octubre de 2010
Conversando sobre Los Artesanos (Sennett, R., 2008) en la Última reunión del GEU (22/10/2010)
miércoles, 21 de julio de 2010
Bien venida y nuevos aires para este blog
viernes, 28 de marzo de 2008
Proyecto-Exposición en el CCC Barcelona
Hello all!
Os pego aquí la presentación de una exposición sobre un proyecto de estudios de ciudades contemporáneas que está hasta mayo en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. En la web del centro hay más info, así como también está allí la referencia a la web propia del proyecto: www.ciutatsocasionals.net. Es una interesante propuesta de articulación de un trabajo colectivo en varias ciudades del mundo en base al concepto "post-it city" (aparece definido por ahí : "dispositivo de funcionamiento de la ciudad contemporánea que concierne a las dinámicas de vida colectiva fuera de los canales convencionales"). Si os interesa podemos leer en el seminario alguno de los artículos que están colgados en su web, a ver si esa idea de la "post-it city" aporta algo interesante o es una etiqueta más en el mundo de la moda antropológica urbana (si logró dar cuerpo a un proyecto que parece majo, podemos darle una oportunidad, no?). Lo de ir a Barcelona un día a ver la exposición in situ, en plan viaje de fin de curso, ¿tiene alguna posibilidad de que le demos un sí? ciao---montse Post-it City. Ciudades ocasionalesFoto: Usos alternativos del teléfono móvil en la R.D.Congo. /Autores foto: SMAQ (Sabine Müller, Andreas Quednau) Ampliar la imagen
El proyecto investiga los diferentes usos temporales que se solapan sobre el territorio urbano, priorizando las perspectivas ofrecidas desde la arquitectura, el urbanismo y las artes visuales. Ciudades ocasionales pretende explorar el fenómeno desde las post-it cities, una especie de ciudades efímeras que infectan la ciudad ordinaria a partir de unos usos no codificados, temporales, anónimos y con un talante crítico implícito
Ciudades ocasionales intenta explorar el citado fenómeno en sus múltiples y posibles variantes, con el fin de documentarlo y reflexionar sobre el mismo: un polígono industrial que se convierte en un circuito ilegal los fines de semana, el uso de la ciudad "en construcción" para la aventura de los nerds explorers, determinadas variantes del fenómeno okupa, la utilización de determinados terrains vagues para encuentros ocasionales -un campamento nómada, una fiesta rave-, la conversión de la diurna ciudad universitaria en una zona de transacción sexual durante la noche, etc.
Se trata de un proyecto que, en el conjunto de parámetros que pone en juego, nos conduce a una serie de temas de especial interés para la cultura contemporánea: la necesidad de crear espacios disponibles, la versatilidad de la idea de reciclaje, la emergencia de nuevas subjetividades, etc.
Esta exposición se enmarca dentro del proyecto del mismo nombre organizado conjuntamente con el Centre d'Art Santa Mònica y dirigido por Martí Perán.
Del 13.03.08 al 29.04.08
Debate POST-IT CITY. CIUDADES OCASIONALES PRESENTACIONES DE PROYECTOS
03.04.08, 09.04.08
Amigos del CCCB Visitas comentadas a la exposición Post it city. Ciudades ocasionales. a cargo de uno de sus comisarios, Martí Perán.
martes, 4 de marzo de 2008
El Grupo en Radio UNED
jueves, 7 de febrero de 2008
Buenas nuevas para febrero...
miércoles, 6 de febrero de 2008
Resacas de Lefebvre: la bomba de tiempo
“Los lugares (Notas sobre un trabajo que estoy haciendo) En 1969 seleccioné en Paris 12 lugares (calles, plazas, cruces, un pasaje) en los que había vivido, o a los que me unían recuerdos muy particulares. Me propuse hacer cada mes la descripción de dos de estos lugares. Una de estas descripciones se hace en el mismo lugar y lo más neutra posible: sentado en un café o andando por la calle, con un cuaderno y un bolígrafo en la mano, trato de describir las casas, los comercios, la gente con la que me encuentro, los carteles y, de modo general, todos los detalles que atraen mi mirada. La otra descripción se hace en un sitio diferente del lugar: entonces trato de describir el lugar de memoria y de evocar todos los recuerdos relacionados con él que se me ocurren, sean acontecimientos que ocurrieron allí, sea gente que encontré allí. Cuando están terminadas estas descripciones, las meto en un sobre y lo sello con cera. En algunas ocasiones me he hecho acompañar al lugar que estaba describiendo por uno o una amigo(a) fotógrafo(a) que, libremente o siguiendo mis indicaciones, ha tomado fotos que he metido en los sobres correspondientes, sin mirarlas (salvo una tan sólo); también en alguna ocasión he metido en estos sobres diversos elementos que más tarde serían susceptibles de servir como testimonio, por ejemplo billetes de metro, o bien tickets de consumo, o entradas de cine, o prospectos, etc. Cada año comienzo de nuevo estas descripciones teniendo cuidado, gracias a un algoritmo que ya he citado (bi-cuadrado latino ortogonal, éste de orden 12), primeramente, de describir estos lugares en un mes diferente del año, luego, de no describir en el mismo mes el mismo par de lugares. Esta empresa, que se parece un poco en su principio a las “bombas de tiempo”, durará doce años, hasta que todos los lugares hayan sido descritos dos veces doce veces {ahora cuenta algunos problemillas para llevar a cabo las descripciones que tuvo algunos años, que omito}. Entonces sabré si valía la pena: lo que espero en efecto no es otra cosa que dejar huella de un triple envejecimiento: el de los lugares mismos, el de mis recuerdos y el de mi escritura.”Calculando, debió terminar el proyecto en 1980 pero no sé si publicó los resultados.
Montse
lunes, 10 de diciembre de 2007
sábado, 8 de diciembre de 2007
Resacas de Benjamin: la ciudad y el inconsciente óptico
Ciudades extranjeras Sabemos ir de la estación o del air terminal al hotel. Queremos que no esté demasiado lejos. Nos gustaría estar en el centro. Estudiamos cuidadosamente el plano de la ciudad. Vamos repertoriando los museos, los parques, los lugares que nos han recomendado que veamos a toda costa. Vamos a ver los cuadros y las iglesias. Nos gustaría mucho pasearnos, callejear, pero no nos atrevemos; no sabemos ir a la deriva, tenemos miedo de perdernos. Incluso no andamos de verdad, vamos siempre a toda prisa. No sabemos muy bien qué mirar. Casi nos emocionamos si nos topamos con la oficina de Air France, casi a punto de llorar si vemos Le Monde en un quiosco de periódicos. Ningún lugar se deja atar a un recuerdo, a una emoción, a un rostro. Repertoriamos salones de té, cafeterías, milk-bares, tabernas, restaurantes. Pasamos delante de una estatua. Es la de Ludwig Spankerfel di Nominatore, el célebre cervecero. Miramos con interés unos juegos completos de llaves inglesas (nos podemos permitir el lujo de perder dos horas y nos paseamos durante dos horas; ¿por qué nos atraerá esto más que lo otro? Espacio neutro, todavía no conferido, prácticamente sin referencias: no sabemos cuánto tiempo hace falta para ir de un sitio a otro; de golpe nos damos cuenta de que vamos terriblemente adelantados). Dos días pueden bastar para que empecemos a aclimatarnos. El día que descubrimos que la estatua de Ludwig Spankerfel di Nominatore (el célebre cervecero) está sólo a tres minutos del hotel (al final de la calle Prince-Adalbert) mientras que antes empleábamos una larga media hora para llegar allí, empezamos a tomar posesión de la ciudad. Lo cual no quiere decir que empecemos a habitarla. A menudo guardamos de estas ciudades el recuerdo de un encanto indefinible a pesar de haberlas rozado sólo ligeramente: el recuerdo mismo de nuestra indecisión, de nuestros pasos vacilantes, de nuestra mirada que no sabía hacia qué volverse y que no se emocionaba con casi nada: una calle casi vacía con grandes plátanos (¿eran plátanos?) en Belgrado, una fachada de cerámica en Sarrebrück, las cuestas en las calles de Edimburgo, la anchura del Rhin, en Bâle, y la cuerda –el nombre exacto sería el andarivel- que va guiando la balsa que lo atraviesa… George Perec, en Especies de espaciosMe gustó este texto cuando lo descubrí, porque refleja muy bien esa experiencia de “pequeño desarraigo”, similar a una especie de desconcierto en lo sensorial y en lo emocional, que sucede al que visita o se instala en una ciudad extraña. Me gustó el texto, además, porque de esa experiencia no se habla mucho, quizá porque se recuerda mal; es como si desapareciera de la memoria una vez se “toma posesión de la ciudad”, o se abandona definitivamente para guardar de ella, tantas veces, “el recuerdo de un encanto indefinible”. De cualquier forma ese “desarraigo” inicial –nada “encantador” sino inquietante, desazonador, amenazador incluso- del que habla el texto, normalmente se olvida y casi nunca forma parte del recuerdo que guardamos de la ciudad y, menos aún, de lo que contamos, sobre ella, a otros. En otro sentido me gustó el texto también: porque, a mi modo de ver, relaciona esa experiencia de desazón en la ciudad extranjera no (o no directamente) con el hecho de no conocer a nadie en ella y estar solo, o ser, en sentido social, un extranjero; sino con el paisaje urbano, con la misma forma física de la ciudad, que entra primeramente por los ojos. Cuando lo leí relacioné el texto de Perec con mi propia experiencia de ciudades extranjeras. Recordé sobre todo la primera vez que llegué a Davis, en California, que puedo describir fácilmente si digo que es un ejemplo típico de pequeña ciudad universitaria norteamericana, pero que a mi llegada me pareció lo mismo que un paisaje lunar: totalmente extraño y desorientador. Llegué desde el aeropuerto de San Francisco, que está como a hora y media, en una especie de furgoneta-taxi que circuló lo que me parecieron horas por autopistas de mil carriles, y luego fue dejando uno a uno a los pasajeros –todos estudiantes y profesores americanos y extranjeros- a la puerta de casas más o menos diseminadas o linealmente agrupadas en calles anchas, tranquilas y llenas de árboles (en el servicio de reserva de plaza del taxi por internet los pasajeros teníamos que dar la dirección a donde íbamos, de manera que el conductor no preguntaba nada, sólo gritaba el nombre del pasajero cuando paraba delante de una de aquellas casas). Mi pregunta interior constante era: ¿esto YA es Davis?, lo cual quería decir: ¿pero dónde está LA CIUDAD –o el pueblo, lo que sea? Para mi debía de haber una especie de núcleo, de corazón urbano, donde habría tiendas, y gente, y circulación… pero no lo había (más adelante descubriría el “downtown”, que tampoco iba mucho más allá en mi idea de lo que debía ser una “ciudad” -parecía un poco como el decorado de la Calle Mayor de una película del Oeste). Total que el “urbanismo disperso” típicamente gringo, no sólo me sorprendió profundamente sino que me desorientó y me produjo una sensación desagradable, no sé si de temor, desconcierto y repliegue. Recuerdo durante los primeros días el tener una sensación constante de extrañeza y, lo que me interesa destacar aquí, recuerdo que era una sensación que directamente tenía que ver con una forma espacial de la ciudad que yo veía extraña. Y con una sensación de “falta” de algo en la misma dimensión de lo físico y de lo visual. Las formas de las casas, las alturas, los materiales de los edificios, la disposición de las aceras… a ese nivel de aspectos visuales estaba “lo raro”. Las primeras semanas viví en una casa-hotel que estaba al final del mundo y al borde de una autopista, y tenía enfrente una gasolinera con un supermercado. Una noche quise comprar algo, y recuerdo que, al ir a cruzar la carretera por el semáforo más cercano, me invadió una sensación de desorientación total porque no entendí ni las marcas en el suelo, ni cuál era el semáforo del peatón… “¿cómo demonios se cruza esta calle?”. Tuve que hacerme la remolona para dejar que pasaran dos chicas que venían detrás, que –seguro que no, pero yo lo pensé- me miraron como si fuera idiota. Después de eso, y durante todo el año que estuve en Davis, crucé mil veces al supermercado por aquel semáforo (que no estaba en el fin del mundo sino bastante a mano) y siempre me hacía gracia pensar en aquel primer día y en que, ahora (es decir después) realmente, aquel semáforo, ¡era “normal”! Bueno y entonces, tras todo este rodeo, de lo que quería hablar era del “inconsciente óptico” de Walter Benjamin. Por contraste con la experiencia de las ciudades extrañas, pienso ahora en la experiencia de mi ciudad (Madrid o Davis o cualquier otra, cuando dejó de ser extraña): hay algo, al nivel de lo perceptivo-visual, que conocemos de manera inconsciente, y que es no sé si la base, el marco o el efecto de nuestra experiencia social del habitar. Según Benjamin, al ver, hay algo que al ojo le resulta inaprensible. Hay algo que no vemos en lo que vemos. Hay algo que no sabemos que conocemos en lo que vemos. Hay algo invisible incrustado en lo visible; un conocimiento no conocido inscrito en lo visual.---- Eso es el inconsciente óptico. La ida hace imaginar una profundidad normalmente invisible en la superficie misma de los objetos más banales, más cotidianos. ¿Puede la antropología urbana hacer consciente el inconsciente óptico de los habitantes de una ciudad? Benjamin habla de las posibilidades de la fotografía para ello. Quizá en su texto de los Pasajes él mismo también intenta un propósito parecido, cuando habla, por ejemplo, de las formas urbanas que el hierro y el cristal hacen posible, hablando, a través de esto, de la experiencia de la modernidad en el Paris del XIX. De cualquier modo, lo más parecido a tratar de atrapar el inconsciente óptico que está implicado en una experiencia del habitar la ciudad lo encontré en un libro que vi una vez en la librería del Reina Sofía. Un libro de fotografías que se titulaba “Hasta fin de existencias”. No lo compré (de lo que me arrepentí después), pero lo he buscado hace poco con el google y he visto que hay una página web donde hablan un poquito del libro, pero sobre todo donde pueden verse algunas de las fotos. Son de un fotógrafo llamado Leandro Lattes. La página es http://www.hfde.com/ (ojeadla, si podéis). Son fotos de elementos del mobiliario urbano de Madrid que están “en peligro de extinción”. Pomos, timbres, taburetes, escaparates, puertas, interiores de bares… Si las veis, no sé qué impresión os producirán. A mi esas fotos me pusieron delante, de repente, todo un mundo visible de formas urbanas que conocí y me pusieron delante también, igual de repentinamente, el hecho de que, efectivamente, esas formas urbanas están desapareciendo, y por eso ya parecen un poco “de un Madrid kitsch” –como lo definen en la presentación de la web. La pregunta es: ¿qué formas del habitar la ciudad desaparecen con esos elementos visuales, con esos objetos urbanos? Visto ahora desde la lectura del otro día, esos viejos timbres o escaparates madrileños pueden leerse como los pasajes de Paris…
Montse
sábado, 17 de noviembre de 2007
SOLARES
Un día tiraron el edificio de la esquina y apareció un agujero más en la calle. Desde el balcón la calle parecía la sonrisa mellada de una anciana que cada poco tiempo pierde un diente. Desde hace 7 años se derriban edificios, y aparecen nuevos solares tapizados con restos de otras vidas. Colgados de las paredes quedan azulejos de baños y cocinas, alcobas empapeladas de flores y salones pintados en crema con huellas de cuadros.
Los solares miran tristes y vacíos hacia la calle esperando que algo les devuelva la vida. Se convierten en "espacios perdidos" recuperados periódicamente como contenedores de basura, recipientes donde se tiran los desperdicios de un barrio a medio tirar y a medio construir.
Pero otras veces aparecen personas que deciden "liberar" los solares, quitarles sus vallas y reencontrarse con el espacio perdido para devolverle la vida pública que lo llenará con nuevos usos y significados. Así comenzó a liberarse el solar de Embajadores esquina Rodas.
Un grupo de vecinos y amigos, algunos de ellos participantes en "Ecosistema Urbano" y "Observatorio Metropolitano" decidieron ponerse manos a la obra. Por la noche se recogieron maderas de los contenedores, palés abandonados de obras acabadas y arena, se trajeron herramientas, cubos y sillas...
La gente que pasaba, a penas se detenía a preguntar o a observar. En el barrio pasan muchas cosas todos los días y como dice mi vecina que siempre va en bata y chancletas: "aquí, hija, estamos acostumbrados a ver de tó" siempre hay gente "haciendo cosas raras". Pocos ofrecían su ayuda y tampoco se reclamaba la participación...
Poco a poco aquella obra iba cobrando forma, pero la forma era extraña, unos decían que era un barco, otros decían que era una madeja de lana pero hecha en madera y a otros les parecía una burbuja, un niño dijo que era una nave espacial....
Pero casi nadie entendíamos que era aquella estructura y para que servía. La noche del viernes pasé por la calle Embajadores, iba sin cámara y no pude fotografiar ese momento "clik" en el que todo cobra sentido... el solar había sido "liberado"! Habían desaparecido las vallas, se colgaron farolillos hechos con tubos de plástico rojos, (esos tubos que sirven para llevar cables de un lado a otro) la luz venía del local de alado a través de un cable, había música suave y gente charlando dentro y fuera de la estructura de madera. En el suelo había arena fina y los troncos y palés se habían transformado en banquitos de madera y escaleras hacia aquella playa urbana....Parecía la inauguración de una exposición de vanguardia, aunque cualquiera podía participar de la fiesta había gente que no se animaba y solo miraba tímidamente desde la acera. La policía pasó y se hizo silencio, miraron por la ventanilla del coche, como hacían todos los coches que pasaban, amortiguaron la marcha y... nada, no pasó nada...
Por la mañana estaba todo limpio en el solar, ni rastro de la fiesta. La burbuja de madera seguía en pie, el sol entraba entre las maderas y dibujaba en la arena sombras alargadas. Entré en la burbuja a leer el periódico y escuchar lo que decía la gente sin que se sintieran observados...
La observada era yo, ahí sentada dentro de la burbuja....Los chinos del todo a cien de al lado se reían mucho y decían cosas en chino que no entendía pero que debían ser la mar de graciosas. Yo me sentía en la playa con la brisa y el sol fresco de la mañana meciendo mi periódico mientras detrás de mi una ola pintada de azul con un pez dentro ratificaba que no estaba sola en mi percepción.... ahora tenemos playa en Lavapies y un Nautilus de madera....
Los señores que salen de espaldas en la foto dicen que están muy contentos porque ahora se pueden sentar a charlar al sol con el mar tras ellos y se ríen cuando señalan el pececillo pintado en la parez...
Pero aun me parece raro que no haya más niños jugando en la burbuja, más chavales sentados en la arena o más actividades en nuestra playa...., el Nautilus sigue en pie pero a veces parece que navega solo.... que la gente tiene miedo de tomar el timón, de hacerlo suyo y cuidarlo. Yo me pregunto si seguirán "liberándose" solares y si un día habrá más playas y porque no, también bosques en los solares que aún esperan su amnistía... (Sara Sama)













